lunes, 7 de febrero de 2011

Las medias de Bea

Tienen no sé cuantos años... 15 o 16 tal vez. Me las pongo regularmente y combinan bien con mi ropa. Me las dio Bea para un cumpleaños y todavía no las boto porque me encantan. Son de esos regalos que a uno le matizan desde el principio y que le recuerdan a la persona que se lo dio cada vez que lo usa.
Yo particularmente me acuerdo de Bea como mi compañera y amiga del colegio, vacilona y sonriente. A la cual la vida le ha puesto muchas pruebas, pero su fe y su perseverancia la han convertido en una mujer fuerte, que algún día publicará un libro con todas sus experiencias de vida.
De Bea aprendí muchas cosas, especialmente a tomarle el gusto a la poesía y la escritura. Se puede decir que fue ella quien me animó a escribir y a utilizar la tinta y el papel como una forma de sacar las emociones y liberarse de todo eso que a uno le aprieta el pecho. Funcionó. Y desde entonces no he dejado de escribir -aunque los tiempos han cambiado, blogs incluidos- y aquí me tienen escribiendo en un iPod y dedicándole un post a quien fuera mi mejor amiga en los últimos años del cole y que hace poco volví a ver después de muchos años.

1 comentario:

  1. ¿Y quién es esa Bea? La de antes era vacilona, pero estaba sin terminar. Estaba como uno de esos blogs que duran poco y no cuentan mucho. Sí algún día ella sí iba a escribir un libro. Pero la de ahora no se acuerda de las medias, solo se acuerda del cariño. Ah, la Bea, me dicen a veces. Ah, la vea, que aprendió a comer guineo en la casa de tu mamá, y aprendió también a comer espárragos en la casa de un gringo cualquiera. Amiga, a la distancia, siempre seremos.

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